¿De qué hablamos cuando hablamos de lectura crítica?

Por Tania Susano

“No se trata de retomar la ambición del pensamiento simple de controlar y dominar lo real. Se trata de ejercitarse en un pensamiento capaz de tratar, de dialogar, de negociar, con lo real”. Edgar Morín (1)

¿Por qué leer?, ¿cuál es la finalidad de dedicarle un momento de nuestro tiempo a un libro?, ¿pasar el rato, divertirnos, aprender, investigar un tema, superar la infelicidad?…

Si partimos del hecho de que la lectura es, antes que otra cosa, comunicación; es decir, alguien, un escritor, expresa algo; una idea, una emoción, un conocimiento, una verdad, a otro, un lector, entonces, esta lectura implica un diálogo constante con el texto, lo que requiere de habilidad para escuchar activamente, argumentar, cuestionar, debatir, y enjuiciar al texto,  y estos elementos son la llave de entrada a la lectura crítica. 

La lectura crítica es un ejercicio de análisis a profundidad, que permite al lector vislumbrar la urdimbre de un texto, reflexionar y debatir en torno a las ideas o exposición y  tratamiento de un tema por parte del escritor, habitar la pregunta, sortear las dificultades que leer implica, deconstruir paradigmas, aventurarse en el ejercicio del pensamiento complejo, perderse y encontrarse, tomar postura, emitir un juicio y, sobre todo, obtener los elementos necesarios para construirse un punto de vista propio. Es una aventura, un viaje por la bella complejidad de un buen libro.

Dicho así, parece no animar a muchos a leer, sobre todo después de que se ha promovido, hasta el cansancio, la lectura de entretenimiento. “Diviértete leyendo”, dicen, ésta es la premisa, y si no se cumple puede ser, y con justa razón, que el lector o futuro lector se sienta engañado y frustrado. Pero la lectura crítica, puedo asegurar, brinda un placer mayúsculo, porque devela para nosotros, los secretos más profundos de un  libro; la metáfora de los símbolos, los tesoros que guarda el  subtexto, las maravillas estéticas, la composición de la escritura, la claridad del lenguaje y la retórica del escritor; aspectos que se aprenden a degustar cuando se es un lector exigente. 

Hablamos de un tipo de lectura que sabe que un texto tiene diversas capas o niveles que habrá que ir develando, y que es precisamente el ir desentrañándolo, lo que nos hace poner en práctica el ejercicio de leer críticamente, lo que será en menor o mayor medida fructífero, dependiendo de las habilidades adquiridas por el lector.

Un buen libro merece una lectura activa, y la actividad de leer no se limita a la tarea de comprender lo que dice la obra, sino que ha de completarse con otra tarea, la de la crítica, la del enjuiciamiento. El lector no exigente no cumple tal requisito, probablemente incluso en menor medida que el de analizar e interpretar. No sólo no realiza ningún esfuerzo por comprender, sino que rechaza un libro simplemente dejándolo a un lado y olvidándose de él: hace algo peor que alabarlo con tibieza, porque lo condena al no prestarle la mínima consideración crítica. (2)

Ahora bien, un tipo de lectura de esta clase requiere en principio de cuentas de individuos que quieran “formarse como lectores críticos”, y esta formación significa  esfuerzo, disciplina y una enseñanza especializada en técnicas de interpretación crítica, que han de formar al receptor para que tenga una posición activa frente al texto y aprenda a dialogar con él, pues no es una habilidad que surja de la noche a la mañana o por azar, ni siquiera por “devorar” todos los libros de una biblioteca. Es, pues, una destreza que requiere de una guía especializada. 

Esta modalidad de lectura, como ya dijimos, va más allá de la comprensión e interpretación del texto; Mortimer Adler señala tres aspectos fundamentales para la lectura crítica: “ […] estas tres artes, la gramática, la lógica y la retórica, colaboran en la tarea de regular los complejos procesos de escribir y leer […] (3) La pericia en las dos primeras etapas de la lectura analítica deriva del dominio de la gramática y la lógica, y la tercera depende de los conocimientos en el arte de la retórica.

Otro aspecto fundamental para promover un efectivo ejercicio de lectura crítica, gozoso y sustancioso, es la buena selección de textos; libros en los que el ejercicio concreto de su escritura, promueva en el lector la activación de todos los procesos que hemos venido enunciando. Un buen texto siempre retará al lector, propondrá un juego, y no se develará en las primeras líneas. 

Por otra parte, hay que aclarar que criticar no significa discrepar en todo momento; de lo que se trata es de entablar comunicación con el texto y a partir de esto disentir  o coincidir con él. Luego, en cualquiera de los dos casos se requerirá de establecer un juicio sobre el texto. En este sentido, también se ha de enseñar o guiar al lector con la finalidad de organizar sus pensamientos e ideas para emitir un juicio ordenado y argumentado sobre lo leído, no sirve un “me gusta o no me gusta” “estoy de acuerdo o no estoy de acuerdo”, pues lo que se busca es que el lector pueda decir con sus propias palabras lo que se ha formulado a partir de la lectura, añadiendo a este razonamiento sus conocimientos previos y experiencias. 

Para concluir, diré que la finalidad de leer críticamente es poder ejercitar nuestras habilidades de pensar complejamente, habitar la pregunta y dialogar con nosotros mismos, con el autor, y con los otros, para llegar a tener un punto de vista “propio” que nos permita mirar la realidad desde diversas ópticas, decidir sobre asuntos que demandan nuestra participación activa en la sociedad, para mirar el mundo que nos rodea y ser capaces de leerlo también críticamente y actuar en consecuencia. Justo en estos momentos en que se ha puesto sobre la mesa la nueva utopía de “ser la sociedad del conocimiento”.  

Lo que en este momento es más problemático no es el analfabetismo, que es después de todo una especie de condición absoluta y determinable, sino quienes, aunque pueden leer perfectamente, no son capaces de «leer»; quienes, aunque son capaces de leer en un sentido fisiológico y psicológico pero no en un sentido culturalmente valorado, amenazan con desconstruir la rígida oposición entre «personas influyentes» y «multitud». Lo que más debilita ideológicamente es una educación que no es educación, una forma de leer que traspasa la frontera entre la ceguera y el entendimiento, toda una nación que lee pero no en nuestro sentido de leer y que por tanto ni es del todo culta ni es analfabeta […] (4).

Escribo este artículo en contextos pandémicos, donde además de un virus, nos acecha más de lo normal, y lo normal ya era desproporcionado, el “exceso de información”, y pienso: qué urgente y necesario es practicar el ejercicio de la crítica, que nos auxilie en estos momentos para decantar entre realidad y especulación, verdad y falsedad, y actuar en consecuencia como ciudadanos responsables de nuestras opiniones y decisiones. Y sobre todo, que herramienta tan invaluable tendrían nuestros estudiantes, de practicar la lectura crítica, para encontrarse con los libros  y continuar de manera autónoma con su aprendizaje, en momentos donde no cuentan con la guía de un profesor. 

NOTAS

  • (1) Morín, Edgar. Introducción al Pensamiento Complejo. México, Editorial Gedisa, 2001. p. 22. 
  • (2) Ibid. P. 150.
  • (3) Mortimer, Adler. Cómo Leer un Libro, Una Guía Clásica para Mejorar la Lectura. España, Editorial Debate, 2001, p 147.
  • (4) Eagleton, Terry. La Función de la Crítica. España, Editorial Paidós, 1999, p. 59.

IMAGEN

Lectura con lámpara >> Delphin Enjolras (1857-1945).

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